Veinte pungas contra un pasajero, el realismo atolondrado de Cucurto

por seminarioeuraca

“Como un barman excitado por la aceptación de sus tragos Cucurto vuelve a sorprendernos a alegrarnos a juntarnos las cabezas.

En veinte pungas contra un pasajero […] el frangollo, la mezcla poderosa de distintos registros poéticos, la prosa refalosa, el choreo de una musiquita, frase o guiño de estilo que pocos detectan y muchos disfrutan, se presentan trabajados con mayor intensidad que en sus libros anteriores, generando por momentos una distorsión que, lejos de saturar, favorece la potencia de esta poética cucurtiana.

Alentado por el escandalete incendiario que provocó el relato de la venganza del salteño que se embambina a la coreanita en Zelarrayán el Cucu se cebó con los guascazos, las negras lenguaraces y el desenfreno de sus heroicas tickis […]. Algún jodido seguro que piensa que vio la oportunidad y le saca punta al lápiz, pero nada tiene que ver esto con el culto al efecto, si no mas bien con la treta del tero que grita acá y pone los huevos allá lejos. En este caso entre los pajonales de la desmesura y el encanto: sabe esconder líneas, palabritas, versos de una ternura torpe y sobre todo alentar la reflexión sobre la poesía que se escribe y se escribirá.

Hace un tiempo en un reportaje publicado en un diario de tirada nacional, describía a su escritura como “realismo atolondrado”, una especie de sin razón, de falta absoluta de programa, pura torpeza y bartoleo; pero a medida que rascamos en la lectura vemos que poco ha sido soltado con descuido o al azar. La preocupación por hacer foco, por ajustar el trabajo sobre el decir del arte de estas épocas se percibe camuflado en las reescrituras, en el esfuerzo por presentar unas cuartetas simplonas y forzadas, en los homenajes a tales o cuales poetas y sobre todo en el entrelazamiento con los desvelos poéticos y formales de sus contemporáneos, amigos, colegas y Salieris.

Lo que debe ser dicho con precisión está medido con el calibre del tornero y contrabandeado entre la desmesura y el fanfarroneo. Vean estos ejemplitos

Gustavo López, “Tickismo a full” (Vox virtual, 9/10/02)

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