pedazos de conversaciones euracas

por seminarioeuraca

Chus: “La industria construye un estilo dominante, que luego hace pasar por universal, natural, necesario y absoluto. A eso se le puede llamar ideología, con todo lo que eso significa” (Roubaud) – Para mí ambas manifestaciones [lengua muesli vs. lengua popular] son profundamente opuestas. Ahora bien, cómo definirlas… Formalmente (lingüísticamente) seguramente puedan tener las mismas características, así que quizá haya que caracterizarlas a partir de sus contextos y/o finalidades. No sé”

Juan: … me pregunto si la inteligibilidad es una de las características distintivas de ese lenguaje que caería dentro de la tan resbaladiza categoría de lo popular (y pienso, por otra parte, que el lenguaje popular, de existir, habría de contraponerse con toda lógica a la jerga o habla grupal usado por colectivos de iniciados cuya función es la ocultación del mensaje, tal y como ocurre no pocas veces con el lenguaje de los expertos, hecho de un vocabulario, unas siglas y unas referencias que no pueden ser en ningún caso el lenguaje de cualquiera). Por otro lado, el lenguaje estereotipado, con sus tics, sus muletillas, sus lugares comunes, no solo está cargado ideológicamente, sino que, a su manera, no busca ser entendido sino reconocido. Por lo demás, vete tú a saber hasta qué punto hemos idealizado al gitano.

Gina: tatus, pañuelos, colores, graffitis, señas, apodos, slang, territorio: símbolos y expresión de pertenencia, de comunidad. ¿No es esa acaso condición primigenia y necesaria para la existencia de una lengua? una comunidad de hablantes. Un conjunto de lenguas que la pronuncien y la mantengan viva.

Rafael [a partir de la Segunda tesis sobre el arte contemporáneo de Badiou: “el arte no puede ser solamente la expresión de una particularidad (sea étnica o personal). El arte es la producción impersonal de una verdad que es dirigida a todo el mundo”]: “No sé si habéis visto Stroszek de Herzog (Ian Curtis sí la vio…) La película en sí podría ser bien interesante por la base humana que se nos muestra pero querría señalar una escena del film [arriba], que serviría quizá de ejemplo para mostrar esa economía del habla, esa universalidad del mercado (a la que habría que derribar con nuevas universalidades, leídas si acaso en lo particular o en la comunidad, pero afectadas por el gran proceso, por decirlo ahora con Brecht…”

de Jordi Hurtado Carmona sobre Camille de Toledo (El Haya y el abedul) en Josefina la Cantante (Murcia, 20122), vía Rafael: “Esta ciudad soñada, pero a poco que soñemos con los ojos abiertos, no muy lejos del paisaje de cualquier metrópoli real, también se acompaña de una nueva condición ciudadana. Ser ciudadano, esto es, la condición política por excelencia, es ser traductor : lugar de paso entre dos orígenes, entre dos lenguas, entre un texto de origen y uno de llegada. Una condición llena de lapsos, de errores, de palabras bastardas, de malentendidos, de intraducibles, de traiciones al origen, pero también de invenciones. En la que la tarea política suprema sería esa de la que hablaba Benjamin en el ensayo del mismo nombre, «La tarea del traductor» : reencontrar-crear el universal o la lengua original, antes de la dispersión de Babel, sólo en el paso de una a la otra de las lenguas mestizas, derivadas. Un absoluto que no residiría sino ahí, en el paso, en el espacio del entre, en el acto que traduce… Hay, en fin, la propuesta de una pedagogía que el autor llama del vértigo: se trataría de hacer del azar destino, «acompañar la múltiple pertenencia, las identidades fragmentadas de la modernidad, que a menudo son vividas con sufrimiento…» (148) El extranjero, el meteco, el bastardo, el creol, serán figuras de sabiduría; el mendigo saltimbanqui será de nuevo reconocido como maestro: él encarnará al buen europeo. Las lenguas comunes de esta nueva Europa, serán el yiddish y el otomano. Pero a su amparo, no sólo se conservarán las lenguas existentes, sino que crecerá el acervo de lenguas europeas, se volverá a hablar en mil lenguas olvidadas, todas las lenguas que alguna vez se esbozaron en el viejo continente: todas las lenguas del h-ser. Ahora podemos escuchar de nuevo a Rostropovich, las Suites de Bach: « la polifonía feliz por nacer, la que no existe hasta este día sino en el arte, pero que deberá, en los años por venir, entrar en el corazón de cada uno»12 (163) Europa, por fin extranjera, poblada de banianos: imaginemos. «Yo sería un hombre-judío, un hombre-cafre, un-hombrehindú- de-Calcutta, un hombre-de-Harlem-que-no-vota…», escribe Aimé Césaire. H-ser: el ser que respira de lo que le falta. «Encontrad la H», dejó escrito Rimbaud”

 

 

Anuncios