La libertá no es ná chirimoya en la punta e la rama! Teníh que arrancarla!

por seminarioeuraca

“Yo escribo en presencia de todas las lenguas del mundo”, dijo, con voz frágil y fuerte a la vez. Era uno de los seminarios nómades del Instituto del Todo-Mundo que él mismo había creado en París el año anterior, en 2007. El galpón, a unos pasos de la plaza de la República, estaba repleto de asistentes que dábamos buena muestra de esa diversidad de lenguas en cuya presencia hablaba, en francés, el poeta martiniqueño: árabe, castellano, italiano, chino, inglés… Pero su intención no era precisamente otro Finnegans Wake sino la de actuar y por tanto la de escribir teniendo por horizonte todas las diferencias que hacen el mundo, los cuerpos, las hablas y las escrituras, la geografía y las memorias infinitas, y el modo en que estas se cruzan, se entretejen o se destruyen, mezclándose y necesitándose siempre, lejos de toda forma de jerarquía o supuestos privilegios culturales.

En otro de los conversatorios en que participó Édouard Glissant, esta vez el 2009, afirmó que en América Latina, y en particular en el Caribe, no se trataba de una estética sino de una ética barroca –“el barroco duro y tan-suave de las lenguas créoles”-, como si la proliferación de movimientos imágenes palabras fuera posible gracias a la ausencia de un orden simbólico más o menos estable y unitario, de forma que la energía vital y mortal se difunde sin cesura. Ahora, desde el punto de vista de su operación en el lenguaje, Deleuze piensa que el rasgo del barroco es el pliegue que va al infinito y que, a su vez, el pliegue es una condición de lo viviente, las semillas, por ejemplo, comienzan por desplegarse a poco de haber sido plantadas. El pliegue o inflexión corresponde finalmente al evento.

la oralitura o literatura oral caribeña no está concebida como aspiración a un código preexistente que asegure la claridad comunicativa, en cambio ella se despliega inseparable de la opacidad de las presencias y las significaciones, proliferante, poliglósica, intencional, inacabada: cada libro es parte de una obra en obras. La poética de la relación supone que a cada cual le sea propuesta la densidad, la opacidad del otro; el derecho a la opacidad se traduce en una resistencia a las estrategias universalizantes de la transparencia. Mientras más resiste el otro, piensa Glissant, el uno el otro el mismo… mientras más resisten en su espesor o fluidez, sin limitarse a ello, sus realidades se vuelven más expresivas y más fértiles sus relaciones. “Vivir la relación, escribe, es talvez valorar la fragilidad, que convence”

La literatura del Todo-Mundo traza huellas donde se estremecen historias y no una Historia, huellas que son apenas un soplo y que nos llevan y distribuyen a través de tantas historias. Frente a la utilidad predadora de las rutas coloniales antillanas se despliegan infinitos y pequeños senderos que, como en el campo chileno, se llaman huellas (traces). Hechas por los negros cimarrones, los esclavos, los criollos, a través de los bosques y cerros del país, las huellas permitieron entrar en relación desalienada con el paisaje y dan testimonio de una espiral colectiva que la línea recta de la colonialidad no había previsto. El cimarronaje prefigura la descolonización y el surgimiento de más de la mitad del mundo desde la noche, el sol de la consciencia”

Claudio Gaete Briones, “Edouard Glissant, vida-obra deslizándose”

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