Es lucha de clases

por seminarioeuraca

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La deshumanización del enemigo es una estrategia para atacarlo, tal y como supo expresar Ferlosio: “Lo llaman “perro” o “rata” para anticiparle encima la figura con la que un día lo matarán a palos”. La demonización de la clase trabajadora (es decir, la caricaturización, la incriminación y la deshumanización de la misma), que en Gran Bretaña ha cristalizado en la figura del “chav”, no solo es expresión del desprecio clasista que rezuma la clase dominante, sino que forma parte de una estrategia política cuyo objetivo es defender los intereses de la clase dominante. Chavs: La demonización de la clase obrera (Capitán Swing, 2012), de Owen Jones, constituye un análisis lúcido de dicho fenómeno, de la mentalidad  que es posible traslucir en virtud de este, y, sobre todo, de dicha estrategia política, tal y como se desarrolló en Gran Bretaña a partir de Margaret Thatcher. Owen Jones se sirve del concepto de “clase social” para explicar el odio a los chavs, y lo interpreta como expresión de la lucha de clases practicada por la burguesía contra la clase trabajadora. “Es lucha de clases”, dice Owen Jones (pág. 168). “Hay lucha de clases, de acuerdo, pero es mi clase, la de los ricos, quien la ha declarado, y vamos ganando”, dice Warren Buffet (pág. 198).

La política llevada a cabo por Margaret Thatcher (y continuada por el neolaborismo de Tony Blair) supuso la destrucción, primero, de la cultura de la clase trabajadora (basada en la conciencia de clase, y en la idea de lo colectivo, el sentimiento comunitario y la solidaridad como forma de mejorar las condiciones de vida); segundo, de las instituciones de la clase trabajadora que, como los sindicatos, constituían el poder de los trabajadores como fuerza organizada, y, tercero, de las industrias manufactureras, cuyo impacto en las comunidades de clase trabajadora fue brutal. El colapso de la industria trajo consigo un aumento del desempleo masivo continuo (que funcionó como herramienta de desmoralización, porque suprimió la tentación de emprender acciones de militancia sindical), empeoró las condiciones laborales (propiciando la eventualidad, el trabajo a tiempo parcial, la precariedad salarial y la explotación), provocó el desarraigo de los trabajadores (como consecuencia de la fragmentación de las comunidades de clase trabajadora), e hizo crecer la frustración, la desesperanza y el resentimiento. Por otro lado, Thatcher glorificó a la clase media, despojó el concepto de “aspiración” de cualquier elemento comunitario, y presentó la aspiración a ser de clase media como único medio de salvación.  Promovió el individualismo feroz, la aspiración de medro, la hostilidad hacia la acción colectiva, y la idea de la responsabilidad individual en el éxito o el fracaso social o económico (lo que contribuyó a culpar a los de abajo del lugar que ocupan en la jerarquía social, a considerarlos “carentes de aspiraciones” o fracasados, y a convertirlos en objeto de escarnio). El thatcherismo expulsó el concepto de “clase social” del vocabulario nacional (“No existe una cosa llamada sociedad. Hay hombres y mujeres individuales, y hay familias”, dijo Margaret Thatcher), y pretendió que la clase trabajadora no existía. “La idea de que la clase trabajadora se ha esfumado, dejando únicamente un residuo chav, es un mito políticamente conveniente”. “La demonización es el espinazo ideológico de una sociedad desigual”.

: de una conversación a propósito del texto anterior :

Me interesa mucho pensar en lo que dices sobre cómo es esa cultura chav-subproletaria, aunque más allá del estereotipo el libro de Owen Jones llama la atención sobre hasta qué punto es fruto de un proceso de desestructuración, y dibuja antes un nuevo tipo de trabajador, que estaría representado por la cajera o por la reponedora del supermercado: mano de obra fragmentada, no sindicada, marcada por la precariedad, el trabajo eventual y a tiempo parcial, y el paro, sin cualificación, etc. Frente al dibujo de un proletariado que, como dice Schmitt, citado por Fernández Liria, “solo puede ser determinado de forma negativa […] que no participa de la plusvalía, que no posee, que no conoce familia ni patria”, frente a un proletariado entendido como “nada social”, desvinculado, desestructurado, desubicado, indiferenciado, arrancado de costumbres, pertenencias y solidaridades, vemos, en cualquier caso, cómo sí hay una cultura suya, uno de cuyos reflejos es, o está en, la lengua. Owen Jones habla de la “comunidad”, o del sentimiento comunitario, como rasgo distintivo de una cultura proletaria que existía en Gran Bretaña y que ha ido siendo derribada, pero esa idea procede, creo yo, del ámbito de la izquierda, o de las luchas de izquierda por la emancipación de los trabajadores. Me pareció muy oportuna la referencia que hacías a The wire, y encontré en internet el fragmento del capítulo en que Bunks habla con Omar y le dice que antes en el barrio había una comunidad: “I know you remember the neigbourhood, how it was. […] a comunity”. Es cierto que hay personajes que construyen una cultura que funciona como sistema de pertenencia, jerarquización y definición, y que permite en cierta manera alcanzar alguna forma de éxio allí donde se glorifica el éxito delante de la cara de quienes no podrán nunca alcanzar un tipo de éxito parecido al socialmente reconocido por la cultura dominante, de tal forma que están las bandas, o está Avon Barksdale hablando de la familia, o el mismo Omar, que, a su manera, recrea el mito del llanero solitario, esos “predatories motherfuckers like you” que dice Bunks, lo que le permite conectar con un código moral que le reubica en un mundo sin posibilidad de ubicación ninguna. Pero lo bueno de la serie es que todas esas formas de cultura aparecen en toda su indigencia como productos letales donde no cabe encontrar una salida, un poco de oxígeno, una vida habitable, todo está atravesado por el dinero, la dominación, la violencia, todos están desoladoramente arrojados al (anti)mundo feroz, inhóspito, del sálvese quien pueda, que carece de salida. Solo allí donde se pudiese suspender “el reino de la hambre” cabría la posibilidad de construir una cultura habitable. Hasta etonces la cultura que puede merecer la pena es la que pasa por tomar conciencia del despojo. Es terrible cómo la cultura subproletaria puede llegar a reproducir toda la violencia que la sociedad descarga sobre los de esa clase. Me estoy acordando de unos artículos de Pasolini, publicados bajo el título de Cartas luteranas, precisamente sobre la destrucción de la cultura proletaria por influencia del capitalismo en Italia. El objeto de la crítica de Pasolini es el mismo que el de la de Owen Jones: la idea de que la cultura de las clases pobres debe ser sustituida por la cultura de las clases dominantes. Pasolini reflexiona acerca de cómo esa idea ha contribuido a crear un tipo de subcultura proletaria hecha a imagen de la cultura de la clase dominante. No puedo resistirme a enviarte también esto. Después de uno de los episodios más alucinantes de The wire, la muerte de “Stringer” Bell, NcNulty y Bunk entran en su apartamento. Al final (o detrás) de toda la historia de “Stringer” Bell, ahí está el objeto de aspiración, reflejado en el contexto donde cobra sentido: ser un individuo de éxito de la clase dominante.

 Juan Ramón Trotter


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