El gesto menor tiene una historia

por seminarioeuraca

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El menor gesto tiene una historia. A veinte km del lugar donde escribo hay un castillo del S XIII lleno de niños retrasados… Es verdad que estos niños retrasados en este castillo de Sologne viven totalmente fuera del tiempo y del espacio, perdidamente apolíticos,  esta es la recompensa del destino: viven tranquilos en un castillo del S XIII. Libres, son libres. Pueden expresarse mediante toda clase de onomatopeyas. Ni siquiera están obligados a usar las palabras tal como son. Tienen acuarelas y lápices para expresarse, una vez más, libremente. No necesitan el mejor gesto útil. (Noviembre de 1965)

Fernand Déligny prefirió llamarse poeta, o etólogo antes que educador, que es como habitualmente se le conoce. Poeta porque “su proyecto era escribir”, aunque más tarde lo dejó para ponerse a “camarear”, y etólogo porque reinventa el medio en todas sus circunstancias para tratar de dar a lo que él llama infancia aparte una oportunidad de sobrevivir a una comunidad que excluye o normaliza.

Durante la IIWW, con 20 años, Deligny se las apaña para sacar partido a la confusión institucional y requisa edificios destruidos, abandonados o propiedades de colaboracionistas de los barrios populares para alojar en ellos una RED DE AYUDA MUTUA construida por delincuentes, obreros, miembros de la Resistencia y “ex-educadores” que viven junto con niños chusma (deligny  militante, proletario, comunista, libertario…) y  otros niños autistas (deligny poeta, filósofo, cineasta…) todos serían: niños aparte. Estos restos, esta “racaille”, fabricada por la economía, por la norma, son para Deligny hallazgos, la aparición de otra cosa, de otro modo de hacer.

Por aquel entonces éramos adolescentes. Huérfanos hacía poco –los más huérfanos de la tierra–, volvíamos a ser niños, juntos, en casas en que nos enseñaban otra vez a vivir. Nuestros educadores no eran tales, en realidad, sino evadidos del ghetto de Varsovia, judíos alemanes e intelectuales sin identidad que como nosotros esperaban el retorno a la normalidad para confundirse con los demás. Nosotros los queríamos mucho. Poco o nada nos enseñaban. Nos hacían adolescentes haciéndose a sí mismos, nuevamente, adultos. Nosotros esperábamos de ellos tanto como ellos de nosotros; sabíamos que éramos casi iguales. Algunos de nosotros proseguían sus estudios, otros trabajaban. Aquellas casas de niños se quedaban vacías durante el día, y por la tarde se llenaban de masas corales, de conferencias, de ensayos teatrales, de comités de gestión y de mítines. Por la noche muchos de nosotros pegaban carteles contra la guerra de Indochina, que empezaba ya, o en favor de los huelguistas. Y los sábados y domingos, todos salíamos, en auto-stop, a vivir en albergues de juventud otra vida que llevábamos en nuestras mochilas”  (Prólogo de Émile Copfermann, “ex-educadora” de la Grand Cordée, a Los Vagabundos eficaces)

Para completar la lectura con extractos de Los vagabundos eficaces (Estela. Barcelona, 1971) Post scripta. Mayo-Junio 1946.

Los miembros de la red anarcopoética que pone en marcha Deligny se organizan a partir del modo de ser fuera del lenguaje, y en compañía, asisten a la aparición de una imprecisión, de una impropiedad, que no es una sinrazón sino una razón otra; la aparición de otro modo de hacer que ofrece la imagen de otro mundo capaz de acoger a cualquier otro y cada cosa. Janmari, el niño autista con el que compartió media vida Deligny, no comunica, no dice, siente y hace. Pero lo importante es que los que lo acompañan, de un modo continuo, tratan de darse los medios para continuar con él y lo más importante: estos medios quieren volverse escritura, poema, imagen. Juntar las palabras, montar las imágenes, que marcan la búsqueda de un lugar común que se encuentra ausente, analfabético, infantil, pero atravesado por un sentimiento de comunidad que encuentra modos de hacer del decir un hacer, y decir al hacer un decir.

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Los modos de funcionar de la Red podrían entenderse como una alternativa a las formas de ser del lenguaje que plantea “extranjerar lo próximo” o, de otra manera, “presenciar y acompañar a distancia”, alternativa compuesta de acuerdo a la percepción del otro (Janmari, el autista con el que compartió su vida, en este caso) que se ausenta en el lenguaje. Esta alternativa se vuelve del todo poética, pero una poética no desligada de su semántica territorializada y territorializante, espacial y visual que llega en ocasiones a sustituir al signo mismo, por un errabundear de los decires…

Ce gamin, là (Ese chico de ahí)

Deligny-Renaud Victor. 1975

Captura de pantalla 2013-05-16 a las 18.07.16

“Así como en el corazón de un pequeño boy scout duerme un pequeño caballero, en su corazón ronca un pequeño obrero”

Esta película puede entenderse como un contraplano de El niño salvaje de Truffaut (que fue productor de Ce gamin, là). Jean Itard, instructor del niño salvaje de Aveyron; violencia del adiestramiento y del esfuerzo desesperado del maestro por reducir el carácter extraño del niño inspirado por un ideal, ciertamente noble; y por otro lado, en Ese chico de ahí; la puesta al día de “un trazar primordial”, un gesto (escritura o dibujo) que no viene guiado por ninguna intención, ni voluntad de representación, ni terapéutica, ni pedagógica, sino por la voluntad de saberse siempre en relación a los otros, aunque parezcan no decir nada.

El poema-guión de la película Ce gamin, là (de la cual veremos extractos en la próxima sesión) puede leerse aquí. Este guión y las cuestiones que plantea en relación al lenguaje, su espacialidad, su proxémica, su condición y potencias comunes, será el material principal de Deligny que abordaremos desde el contexto Euraca dentro de los distintos contenidos previstos en torno a la poesía, la infancia, el analfabetismo y el pueblo el próximo 22 de Mayo.

Páginas desdeFernand Deligny - Ese chico de ahí

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