11/12/13 Opacidad

por seminarioeuraca

lengua social okupada autogestionada

X 11 diciembre 19h – Cruce (Madriz)

 

Por medio del procedimiento de la crítica ideológica, el trabajo poético es impulsado fuera del contexto de lo ordinario. Puede no ser estandarizado; no habla con una voz individual; es anormal. De hecho, la normalidad de la lengua (es decir, la estandarización) no es un hecho natural del ser humano sino una institución social altamente controlada a la que la gente es forzada a adaptarse. Si se quiere desaprender la normalidad, se buscará un nivel de inarticulación que es muy corriente. La inarticulación, el tartamudeo, la rareza, son partes de la experiencia más cotidiana, y en el lenguaje poético pueden rechazar la coherencia. La corrección dirá que tal lengua anormal es decadente, no cristiana, anárquica o nihilista; con otras palabras, que es un ataque al logos (o, en cualquier caso, al logos de acuerdo con el aparato ideológico imperante). Si no examinamos los valores producidos por medio de las estructuras gramaticales, por medio de la dicción, o a través de las normas de exposición, entonces nos encontraremos constantemente atrapados en una simulación controlada de la realidad que limita cualquier tipo de transformación política. Por supuesto, la crítica no cambia el reparto de la riqueza, ni acaba con la discriminación racial ni con la opresión de género. La política no se resuelve nunca en un solo nivel, desde luego no simplemente como resultado del trabajo artístico. Pero el arte tiene un papel social crucial que jugar.

                                                                                                                   Charles Bernstein: The Art and Practice of the Ordinary


La idea de una lengua transparente, o de una expresión o comunicación transparentes, es un mito consolador que hace desaparecer la ferretería de la lengua (que lo mediatiza todo), y que postula un sujeto (no mediatizado) que controla su decir. La creación de dicho mito pasa por la fijación de un modelo de lengua estable, abstracto, al margen de la praxis lingüística, y por la desocialización de la lengua, que constituye el medio, el ámbito y la condición de la socialidad. Desgajar la lengua de la colectividad, del tráfico humano, de las relaciones sociales, fijándola como un modelo de coherencia estable, abstracto y transparente (que obstaculiza la comprensión del carácter fallido de cualquier sistema de significados fijo, y del hecho de que todo está lingüísticamente mediatizado), no solo propicia una actitud pasiva, acrítica, con respecto a la lengua (y, también, con respecto a la realidad, reducida a, congelada en, o hipostasiada como dicho sistema de significados fijo), sino que amenaza con traer consigo el desmantelamiento de la propia plaza pública en la que los hablantes participan, de forma activa, productiva y creativa, sin desentenderse de su papel social de hablantes, en esa asamblea, o concejo de vecinos, que es la lengua, en la que se está constantemente debatiendo, alcanzando, como mucho, consensos provisionales, y en la que se tramitan las relaciones propias de una socialidad humana.

Lecturas:

Carlos Piera, “Sobre traducción, paráfrasis y verdad”, en Contrariedades del sujeto (1993).

Esteban Pujals, “Language: un proyecto radical para la escritura de fin de siglo”, prólogo a La lengua radical. Antología de la poesía noreteamaricana contemporánea (1992).

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